OPINIÓN | Entre el hampa y la miseria – por Leonardo Fernández

Uno de los principales problemas al que nos enfrentamos los venezolanos día a día es la inseguridad. Para el año 2016 se estima que en Venezuela ocurrieron 128 mil 479 muertes violentas, según el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), convirtiéndose este factor en la primera preocupación de la ciudadanía.

El empoderamiento del hampa ha llegado a tal grado, que impunemente atentan contra los funcionarios y las sedes de los cuerpos de seguridad y decretan toques de queda en capitales del país.

No solo el robo y el secuestro constituyen un temor para los venezolanos, el sicariato o la llamada muerte por encargo se ha convertido en una nueva modalidad creciente y que se va consolidando como modus operandi de los delincuentes.

Es increíble ver como más de cien personas son asesinadas cada fin de semana en todo el país. Esta misma situación que se vive en el país ha generado en nosotros los ciudadanos la sensación de inseguridad hasta dentro de nuestros hogares aun siendo estos el único lugar donde podemos refugiarnos.

Hasta la fecha van 21 los planes propuestos por el Presidente Nicolás Maduro para atacar la inseguridad y la violencia parecen haber sido elaborados para agravar la situación que a diario va en aumento.

Actualmente la capital de nuestro país se ha posicionado como la más violenta del mundo según el portal ABC Internacional, superando a la ciudad hondureña de San Pedro Sula al registrar casi 120 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Este flagelo es un síntoma claro del deterioro social sufrido por nuestro país los últimos 18 años. El analfabetismo, desempleo, la falta de valores familiares, la escasez de los alimentos, la falta de un sistema de salud adecuado para los ciudadanos, la corrupción en los organismos seguridad y la falta de credibilidad en el funcionamiento del sistema penitenciario, constituyen las principales causas para el desarrollo del delito.

La dispersión de armas y drogas ha incrementado el número de criminales menores de 25 años que engrosan las filas de la delincuencia. Aunado a ello, el índice de miseria aumenta a pasos agigantados año tras año y más aún cuando la riqueza de nuestro país estuvo destinada a cubrir los gastos de campañas populistas del Gobierno nacional para aferrarse al poder y para el mantenimiento de una red de corrupción existente en los distintos poderes públicos e instituciones del Estado.

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