OPINIÓN | Emboscada de amor — por @BrianFincheltub

Allí estaba él, trajeado de verde oliva y con una banda tricolor que lo atravesaba de derecha a izquierda. Allí estaba él, con su verbo encendido y aquel don de la palabra que desataba pasiones incontrolables en todos y todas. Las mujeres se desmayaban, los hombres lloraban de emoción al verlo y los niños intentaban, al menos, tocar a quien para ellos representaba un verdadero  superhéroe.

La tarde transcurría en lo que parecía ser el final de otra jornada tranquila, pero lo que nadie imaginaba era que estábamos a minutos de presenciar el mayor acto de amor que ha podido expresar un pueblo por su líder: amor puro y contundente, literalmente hablando. Con la caída de la noche aumentaba la fuerza del discurso, una pieza de increíble valor histórico que atrajo incluso a quienes escuchaban desde sus casas y no pudieron resistirse a ir al encuentro con su máximo líder.

El desfile avanzaba como estaba previsto, pero el pueblo comenzaba a perder la paciencia, “te queremos”, “te amamos”, “eres único, nunca cambies” eran algunos de los gritos que se podían escuchar. A lo lejos se podía identificar el intento de algunos de sus seguidores por traspasar barreras de seguridad y tener la dicha de tenerlo a escasos metros. Algo jamás visto, había que estar allí para saber cómo cientos y cientos de miles de miradas se llenaban de ilusión viendo a aquella figura de peso.

Así fue como esa multitud fue creciendo cual bola de nieve que forma una avalancha, hasta convertirse en una masa humana eufórica. Ante aquel desbordamiento de frenesí, el líder decidió mezclarse con su pueblo, ese que lo había esperado durante horas y ahora bajaba de todas partes formando una verdadera emboscada de amor, mucho amor.

El paso de la caravana se hacía cada vez más lento, la gente se abalanzaba sobre el vehículo y en un gesto de honra hacia el líder magnánimo comenzaron a arrojarle piedras, huevos y tomates con mensajes de apoyo y admiración. A lo lejos se podían ver los funcionarios de Casa Militar uniendo las cáscaras de los huevos para leer miles de notas impregnadas de cariño. Un momento único e irrepetible.

Al final de la jornada, un baño de pueblo y huevos que se convertía en la toma perfecta para el noticiero oficial y varios detenidos acusados de exceso de amor. Esta es la crónica de fin de un desfile militar en el ocaso de un “líder”, uno que jamás pudo superar la sombra de antecesor y la suya propia…  Pero como dicen el dicho popular, si así llueve, que no escampe.

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