Fracaso en el Clásico: la dura realidad de Venezuela en el béisbol

“Lamentable”, así definió Omar Vizquel la actuación de la selección venezolana en el Clásico Mundial de Béisbol. Una vez más, la vinotinto deja ‘que desear’ en la colectividad del deporte “potencia” en el país. En su andar, predominó la inconsistencia y la incapacidad para conjugar los factores de juego: un falso positivo.

Venezuela aterrizó en Jalisco plagada de una camada de peloteros ‘élite’ en el béisbol de las Grandes Ligas. Miguel Cabrera, José Altuve, Félix Hernández, Carlos González, Salvador Pérez… Nombres que relucían entre una cantidad exorbitante de ganadores de títulos ofensivos, bates de plata y guantes de oro en las mayores.

El roster generó una expectativa alta, pese al dolor de cabeza que producía una de las debilidades que, en el papel, era de las más temidas para afrontar el torneo mundialista: el pitcheo. Las ausencias de grandes referentes en el montículo se minimizaban ante el “poderío” en la fabricación de carreras.

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Al desnudo

La vinotinto de béisbol se despidió de la cuarta edición Clásico Mundial con récord de 2 JG (ambos a Italia) y 5 JP. 28 carreras a favor, 55 en contra. Nunca se logró conjugar el trabajo en equipo en el terreno de juego. Consecuencia: los resultados.

La ordalía de la tricolor comenzó y terminó ante el equipo boricua. Un nocaut dio a pie al tropiezo más significativo de las últimas ediciones. “No hay excusas. Los otros equipos jugaron mejor que nosotros”, lamentó Vizquel tras el 13-2 vs Puerto Rico, quien no logró —en su primera experiencia como manager—descifrar la fórmula para cambiar la historia del país en la competencia.

Venezuela solo logró vencer a Italia en la primera fase. Más allá de la evidente superioridad en nombres, los europeos le jugaron de ‘tú a tú’ a las estrellas criollas. Al borde de la eliminación, una cuenta matemática salvó lo que parecía ser una rotunda catástrofe y que, sobre el terreno, parecía una ganancia inmerecida: la clasificación.

Ante sus acérrimos rivales continentales —como Puerto Rico, Estados Unidos y República Dominicana —, la selección desnudó sus falencias como equipo. En ningún momento lució superior. La etiqueta de favoritos perdió vigencia mientras el fanático padecía.

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Los dirigidos por Vizquel no lograron combinar ofensiva y defensiva. “No pensamos que esta era la manera que íbamos a jugar. Fue sorprendente para todos nosotros”, manifestó el estratega.

El cuerpo de relevistas criollos permitió 29 carreras (26 limpias) del séptimo inning en adelante. Mostrando un elevado porcentaje de carreras limpias permitidas de 14.62, en 16.0 innings de labor durante ese lapso.

De quienes se esperaba, iban a mantener al equipo “sobreviviendo”, no lo hicieron. La ausencia del batazo oportuno y de extrabases, acabaron con las posibilidades de competir frente a rivales de una alta calidad individual.

La ofensiva de Venezuela bateó colectivamente para .188 (101-19), con 31 ponches, frente a los abridores contrarios en el torneo. En la segunda ronda, solo conectaron cuatro extrabases y produjeron cuatro carreras en 92 turnos al bate.

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“Desde el primer juego fue muy difícil ir recuperando la confianza. No tuvimos ventaja en casi ningún momento, por lo que me fue muy difícil aplicar mi forma de juego y todas las cosas que yo tenía en mente con este lineup”.

La ‘plaga’ que caía sobre la vinotinto afectaba la condición de los peloteros. Las lesiones inesperadas de Salvador Pérez, Martín Prado, Silvino Bracho, Robert Suárez y en último instante Miguel Cabrera, provocaron el cambio improvisadamente en el lineup. Una situación que generó la falta de profundidad en el equipo.

Rotundo fracaso

Omar Vizquel tendrá que cargar con el peso de lo que significa el fracaso de Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol. La afición cuestionó que le pasó factura la inexperiencia en el cargo para sacar lo mejor de sus jugadores.

“Cuando el equipo pierde, obviamente las decisiones van a recaer en el mánager, y tenemos que asumir esa responsabilidad”

Corrió una edición más para el combinado tricolor en el torneo mundialista. La decepción reina en el fanático venezolano, mientras el silencio es una opción que aqueja a los protagonistas. No hay nada que decir.


Valeria Fernández

SuNoticiero

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